CULTURA

Cuba es una acuarela de artistas que aportó a su historia cultural innumerables artífices de la plástica. Desde sus orígenes, con obras de indios, esclavos y pobres, pasando por reconocidos pintores del siglo XIX y XX, hasta llegar a una actualidad plena de creativos pinceles de verdadera fama nacional e internacional, influenciados por el arte mundial pero con un sentido propio y creativo y una postura crítica en sus temas, quienes continúan definiendo los rasgos de la identidad cubana.

El desarrollo de la pintura en la isla conjuga los factores históricos-sociales de cada una de las etapas por las que ha transitado. Primero se enmarcó en obras de indios, esclavos y pobres, de forma popular; anónima; cargada de desdibujo, desproporcionalidad y colores estridentes, pero con los matices del trópico cubano. Con el auge de la industria tabacalera y azucarera se desarrolló entonces la experiencia del trabajo en el paisaje cubano: negros, ingenios, valles, palmeras y los retratos de la mujer cubana. Después, debido al auge de burguesía criolla, la pintura pasa de manos negras a blancas y fue tan radical que en lo adelante, pintor de cierto nombre que surgiese, era blanco.

Con la pintura se enriqueció, por supuesto, la visión de la realidad cubana. En la primera mitad del siglo XIX predomina en la pinturael academicismo romántico de la Escuela de San Alejandro (1818): el paisaje expresa un estado de ánimo en contacto directo con la naturaleza. Su principal cultivador fue Esteban Chartrand. Es en esta época que llegan a Cuba oleadas de grabadores europeos atraídos por el auge azucarero, quienes captarán a la población en sus labores cotidiana, deslumbrados por el colorido y la luz de La Habana, y la bullanguería de los negros y mulatos en los más diversos estratos sociales. Se destacan: Hipólito Gameray, Federico Mialhe y Eduardo Laplante. El vasco Víctor Patricio de Landaluce ilustra el libro Los cubanos pintados por sí mismos, quien además dejó el legado de las Fiestas de los Reyes, plasmadas en sus lienzos con gran agilidad pictórica: rico documento para la reconstrucción de la vida de los negros esclavos y libertos y de sus “Iremes”.

El primer director de Escuela de San Alejandro es el pintor francés Juan Bautista Vermay, quien había venido a Cuba para encargarse de los frescos que adornan El Templete, monumento neoclásico que indica el sitio de fundación de la villa de La Habana. Otros importantes directores de esa institución fueron los también pintores Armando Menocal, Leopoldo Romañach y Florencio Gelabert. Entre los estudiantes de esta importantísima escuela estuvieron figuras como el Héroe Nacional, José Martí, el comandante guerrillero de la Sierra Maestra Camilo Cienfuegos y destacadas figuras de la pintura nacional como Wifredo Lam, Amelia Peláez, Víctor Manuel, René Portocarrero, Flora Fong, Manuel Mendive, Manuel Mendive, Rita Longa, Antonia Eiriz, Tomás Sánchez y Carmelo González, entre otros.

Tras años de adormecimiento, la pintura cubana renace en las primeras décadas del siglo XX, con nombres como Eduardo Abela.
Al triunfo de la Revolución, la misma campaña alfabetizadora y la cultura que promovió el gobierno impulsaronel desarrollo de las artes visuales. En 1961 surge la Escuela Nacional de Instructores de Arte, en 1962 la Escuela Nacional de Arte y en 1976 el Instituto Superior de Arte, complementados todos con la permanencia de la Escuela de San Alejandro y numerosos centros de estudio y exposiciones a lo largo del país, dando lugar a una verdadera explosión creativa patentizada en las generaciones de pintores posteriores con su cima en la heterogénea y activa generación de los años 1990. Obras de artistas como Roberto Fabelo, Zaida del Río, Tomás Sánchez, Manuel Mendive y Nelson Domínguez, conforman el patrimonio más importante de las últimas décadas. También, un gigantesco movimiento plástico actual, con artistas jóvenes como José Bedia, Kcho y Flavio Garciandía, todos de reconocimiento nacional e internacional.