CULTURA

radeundalimaLa historia de la música cubana es un vasto, intrigante, dinámico, fascinante, sugestivo, excitante y a menudo avasallador fresco. De sus nebulosos orígenes al reconocimiento universal de que goza hoy en día, la música cubana ha crecido en estatura y sus aspectos folklóricos y populares han influenciado progresivamente el modo de hacer musical de otras culturas.

Tras sus inicios a mediados del siglo XVIII, y su formalización y desarrollo durante el XIX, la música cubana literalmente explota con gran fuerza en la escena internacional durante la década que va de 1920 a 1930. La música cubana nace de una amalgama de las fórmulas del folklore musical español y de los ritmos africanos, estos últimos traídos a Cuba por los esclavos negros procedentes de África.

Una mínima influencia francesa, consistente sobre todo en modelos basados en las danzas de Rameau, apareció en Santiago de Cuba trasladada por esclavos hatianos y terratenientes franceses que habían huido a la parte oriental de Cuba tras las insurrecciones en Haití, pero pronto se diluyó y despareció, no dejando casi huella. La riqueza fenomenal del folklore español, mezclada con el vigor de la música africana creó velozmente una exhuberante y explosiva urdimbre musical.

Si bien desde el punto de vista de la armonía y la forma la música cubana no ha inventado nada original, melódica y rítmicamente ha producido una colección asombrosa de procedimientos de fácil identificación, los cuales han paseado el mundo entero. El siglo XIX es testigo de la rápida evolución de esa música danzable rítmicamente diferente de los modelos europeos, la cual cual ejerce una influencia decisiva en las sofisticadas obras de piano de Manuel Saumell e Ignacio Cervantes (1847-1905), así como en la música fuertemente romántica de Nicolás Ruiz Espadero (1832-1890).
Es también durante este siglo que Cuba produce sus primeros instrumentistas de renombre internacional:

    • Del pianista José Manuel (Lico) Jiménez (1855-1917), y de la pianista y compositora Cecilia Aritzi (1856-1930), a los violinistas Claudio José Domingo Brindis de Salas llamado "el Paganini negro" (1852-1911) y José White (1836-1912).

Pero es en el siglo XX que la música de arte cubana finalmente florece.
Hasta los años de la Segunda Guerra Mundial, toda una falange de compositores cubanos de música popular habían creado enormes colecciones de canciones, danzones, sones, boleros, guajiras, guarachas, pregones, sones montunos, guaguancó, cha cha chá, mambos, rumbas, congas y tangos congos.

    • De Jorge Ankermann (1877-1941),
    • María Cervantes (1885-1981) - hija de Ignacio Cervantes -,
    • Manuel Corona (1880-1950),
    • Osvaldo Farrés (1902-1985),
    • Sindo Garay (1887-1968),
    • Eliseo (1893-1950) y Emilio Grenet (1901-1941),
    • Miguel Matamoros (1894-1971),
    • Beny Moré (1920-1963),
    • Dámaso Pérez Prado (1916-1989),
    • Rodrigo Pratts (1910-1980),
    • Antonio María Romeu (1876-1955),
    • Moisés Simons (1844-1944) y
    • René Touzet (nacido en 1916),
    • a una enorme cantidad de intérpretes y agrupaciones de resonante éxito nacional e internacional, y la influencia de miles de obras musicales y tendencias estilísticas que han creado con sus actuaciones como cantantes o instrumentistas, son realmente notables.

Antes de explorar el mundo de la música cubana deben mencionarse dos compositores quienes, aunque primordialmente actuaron dentro de las fronteras de la música popular y comercial, se aventuraron a crear obras musicales de mayor envergadura:

    • Gonzalo Roig (1890-1970), cuya opereta —zarzuela— cubana Cecilia Valdés (1932) y Quiéreme mucho (1911) han circunnavegado el globo, y Ernesto Lecuona (1895-1963), cuyas obras de teatro lírico crearon una importante colección de zarzuelas cubanas, y cuyas mejores piezas para piano se han hecho mundialmente famosas.

Es también en el siglo XX que la música cubana se desarrolló como una de las contribuciones importantes a la historia de Cuba.
Los dos primeros compositores cubanos de música de arte que abrazaron las técnicas contemporáneas (en este caso la música de Stravinsky y de Bartók) son:

    • Amadeo Roldán (1900-1939) y Alejandro García Caturla (1906-1940), cuyas ricas y atrevidas paletas armónicas, su uso de las grandes formas sinfónicas, y su magnética manipulación de las fuerzas orquestales, lograron situar por vez primera a la música cubana como parte de la música de arte contemporánea universal.

Permanecen siendo imponentes y valiosísimos documentos de la música de arte cubana:

    • Los dos ballets de Roldán La Rebambaramba (1928) y El Milagro de Anaquillé (1929), y el poema sinfónico de Caturla La Rumba (1933).

Del binomio Roldán-Caturla al presente, la música culta cubana ha continuado creciendo en poder e imaginación, despertando un creciente respeto y admiración internacionales.Tras estos dos compositores mencionados, la música de arte cubana se mueve a través de los años de actividad de José Ardévol (1911-1981), compositor catalán radicado en Cuba desde los años 1930 que fue fundador y mentor del primer grupo integral de compositores cubanos de música de arte.Ardévol y este grupo de compositores jóvenes compartían credos estéticos y técnicos comunes, creando así una verdadera escuela de compositores que se agruparon bajo el nombre de Grupo de Renovación, entre ellos:

    • Edgardo Martín (1915) a Harold Gramatges (1918), quien recientemente fue galardonado con un prestigioso premio internacional creado por la Sociedad General de Autores y Editores de España,
    • Gisela Hernández (1912-1971),
    • Hilario González (1920),
    • Argeliers León (1918-1988), quien fue también un importante musicólogo e investigador,
    • Leo Brouwer (1939), genial director titular de las sinfónicas de La Habana y Sevilla, etc.

Estilísticamente, todos estos multifacéticos compositores cubanos de música de arte, de Roldán al presente, han colocado a Cuba en la vanguardia de la composición musical universal de nuestros días, utilizando politonalidad, atonalidad, procedimientos seriales, elementos aleatorios, medios electrónicos, formas abiertas, notación proporcional y gráfica, y medios de expresión post-seriales y post-modernistas.Es de esperar que la intensidad y la expresividad de la música cubana y el prestigio mundial de que goza continúen creciendo en años venideros. Baste señalar que, en el presente, la música de Cuba, en todas sus manifestaciones, constituye una poderosa revelación de la originalidad de la cultura cubana.

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